Paisajes de reconquista

En ocasiones, la ciudad abandona parte de su territorio a su propio destino demoliendo pedazos de su estructura construida.

En ocasiones, el tiempo transcurre y nadie parece hacerse cargo de esos nuevos vacíos dejándolos como herencia vergonzosa de una crisis basada en una falta de previsión.

En ocasiones, estos espacios abren la puerta a nuevas posibilidades que no se han planificado y que, sin embargo, generan resultados cuando menos sorprendentes.

La ciudad, en retirada, se sobrecoge ante la fuerza de la naturaleza que intenta recuperar el dominio que le fue usurpado hace años, quizá siglos. Es en ese momento donde la vegetación actúa de vanguardia atacando los flancos más débiles de los elementos demolidos que, faltos de fuerza y bajos de moral, ceden ante el ímpetu de las plantas pioneras.

El gris se torna en color. La línea recta se diluye. La rigidez se convierte en delicado movimiento al son del viento.

Todo se transforma.

Poco a poco surgen mantos verdes que se ramifican y se extienden sobre las superficies de hormigón. Surgen brotes de entre las grietas que fracturan la monotonía, generando un mosaico vivo y dinámico.

Nacen nuevos paisajes híbridos que, en su vocación temporal, no pierden ni un ápice de su frescura y su vigor, ofreciendo sugerentes mensajes en un nuevo y variado lenguaje que nos incitan a comprender, a aprender, a  interpretar…

Son, en definitiva, paisajes de reconquista que escriben sobre el terreno procesos y estrategias naturales con un enorme potencial compositivo.

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