La ventana de nuestro salón

Esta es la ventana de nuestro salón. Esta es la vista de la que disfruto mientras como. Una imagen familiar que de tan cotidiana se vuelve casi banal.

Hoy, al igual que cada día de los que como solo en casa, miraba absorto y despreocupado este paisaje urbano enmarcado por el rectángulo del ventanal y, de repente, he visto algo en lo que nunca, en los cinco años que llevamos viviendo en esta vivienda, había reparado.

Hay veces en las que en el cerebro salta algún resorte extraño y la percepción sobre elementos habituales se transforma. Y no sabes si eso es algo positivo o si debes preocuparte porque significa que han desaparecido un centenar de neuronas de tu materia gris y lo que antes veías de una forma ahora lo ves de otra.

El caso es que estaba degustando un alberge (para los que no seáis de nuestra querida tierra aragonesa, alberge es sinónimo de albaricoque) delante de la ventana de nuestro salón y, en esa vista que disfruto mientras como, he descubierto dos paisajes que en realidad son solo uno.

El de la izquierda se identifica claramente con la imagen de la ciudad: fachadas quebradas que generan una sucesión de planos donde ventanas, balcones, aparatos de aire acondicionado, antenas parabólicas y toldos, nos muestran un lenguaje algo anodino y poco sugerente. Y en medio de esta estructura surge con fuerza el contrapunto arbóreo.

El de la derecha, en cambio,  se caracteriza por un verde intenso, casi salvaje, que sugiere una imagen de tsunami vegetal devorando los edificios que se encuentra a su paso. Se diría el confín de una ciudad que se diluye en el bosque que la rodea, metáfora de una naturaleza que es capaz de frenar el crecimiento urbano.

Son dos paisajes consecutivos y, sin embargo, casi opuestos. Dos paisajes con un muy diferente lenguaje vegetal.

Dos paisajes que, colocados por separado, nadie diría que se complementan hasta componer el puzzle de imágenes enmarcadas en la ventana de nuestro salón, de las que disfruto mientras como, y que hoy, al saltar un resorte en mi cerebro, he sido capaz de percibir como nunca hasta ahora.

Esta entrada fue publicada en Percepciones y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.