Jardines en huelga

Los jardineros de la contrata de mantenimiento de zonas verdes de la ciudad de Zaragoza, han retomado su trabajo después de un mes de huelga llevada a cabo para reivindicar sus derechos retributivos.

No entro ni salgo en las razones del conflicto. Es un asunto con muchos flecos y no soy yo la persona más indicada para posicionarme ante una situación que viene heredada de decisiones tomadas desde hace varias legislaturas.

Me interesan mucho más las repercusiones sobre los jardines tras varias semanas sin efectuarse las labores cotidianas de mantenimiento. Y me interesa porque las imágenes generadas en estos últimos días nos tienen que servir para abrir un serio debate sobre los modelos de gestión de las zonas verdes a implantar en una ciudad como Zaragoza, en pleno siglo XXI.

Si preguntáramos a los ciudadanos sobre estas imágenes, seguramente nos hablarían de descuido y abandono. Sin embargo, yo veo en ellas potencialidades sobre nuevos criterios de mantenimiento que nos permitan avanzar en sistemas más sostenibles tanto ambiental como económicamente. Sistemas donde seamos capaces de generar nuevas estéticas que reflejen los procesos y estrategias que se dan en el medio natural.

Esto no quiere decir que dichos modelos se apliquen en el conjunto de zonas verdes de Zaragoza. Toda ciudad posee espacios emblemáticos que, a lo largo de su historia, han caracterizado la vida de sus gentes, generando zonas donde se reconocen el conjunto de los ciudadanos. Es en estos espacios verdes donde la intervención pública debe hacerse con especial cuidado ya que la imagen resultante será el sello de calidad que se trasmita tanto a los vecinos del municipio como a la gente que visita la ciudad.

Sin embargo, nuestra capital posee grandes espacios de esparcimiento donde nuevos criterios de mantenimiento no solamente tienen cabida, sino que deben ser la clave de las nuevas políticas de gestión. Asimismo, existe una gran cantidad de espacios verdes ligados a infraestructuras que actúan como puntos de referencia visual pero que carecen de uso público (rotondas, medianas, espacios entre viales…) y sus superficies, en ocasiones, no son nada desdeñables.

En un reciente Trabajo Fin de Grado que dirigí en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza, una de mis alumnas (Paula Gordo) cifraba entre un 10% y un 25% el total de este tipo de espacios verdes en los barrios más importantes de nuestra ciudad.

Muchos son los tabúes a romper para generar estas nuevas políticas de gestión, pero muros más altos han sido derribados por nuestra sociedad (ya no entra en nuestras cabezas el que la gente fume en espacios públicos, cuando eso era posible hasta hace poco años).

No es sólo una cuestión cultural, es una necesidad ambiental y económica. Y es en este campo donde los profesionales del paisaje tenemos una gran responsabilidad que ejercer: la de promover criterios de mantenimiento diferencial que sean capaces de generar nuevos modelos de referencia para nuestras zonas verdes urbanas.

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